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jueves, 27 de marzo de 2014

La economía del estado estacionario vs el fracaso en el crecimiento

Herman Daly afirma en esté documento (aquí la traducción al castellano) de 2008 confeccionado para la "Sustainable Development Commission" del gobierno del Reino Unido lo siguiente:


"Una economía que fracasa en el crecimiento y una economía en estado estacionario no son la misma cosa; son realmente las alternativas a las que nos enfrentamos"

Después de leer algunos artículos y oír diversas opiniones sobre el posible advenimiento de una economía estacionaria, tengo el convencimiento de que muchos confunden el fracaso en el crecimiento con una economía en estado estacionario.


La principal disensión parte de la visión preanalítica que comentábamos en la entrada anterior, ya que la forma de plantear las preguntas difiere sustancialmente si consideramos a la economía como un subsistema social y ecológico o, si vemos a al economía como el todo.

Incluso viendo a la economía como un subsistema ecológico podemos considerar que los límites del crecimiento aún están lejanos, lo que Daly denomina mundo vacío. Y que una teoría efectiva de la economía no tiene porque contemplar límites físicos o biológicos que introducen una complejidad innecesaria sin aportar una mejor comprensión del fenómeno económico. Con esta última aseveración estarían de acuerdo la inmensa mayoría de los economistas, sin importar tendencias, aunque sus discrepancias en otras cuestiones puedan ser abismales. Daly  explica lo peligroso que es esa forma de pensar, ignorando las leyes de la física, en el capítulo 5 de su libro Steady State Economics (1977)  "Un catecismo de las falacias del crecimiento":


"La ciencia convirtiendo la base de los recursos en más homogénea, elimina las restricciones que antaño se pensaba derivaban de la ausencia de homogeneidad. En el mundo neo-ricardiano, parece, los recursos concretos con los que se comienzan resultan indiferentes... Los adelantos en la ciencia básica han permitido aprovecharse de la uniformidad materia/energía—una uniformidad que hace factible, sin la existencia de un límite pre-asignado, escapar de las constricciones cuantitativas impuestas por las características de la corteza terrestre. [Barrett y Morse, 1973, p. 11]



No es, sin embargo, la uniformidad de materia-energía lo que es útil, sino precisamente lo contrario. Es la falta de uniformidad, diferencias en concentración y temperatura, las que son provechosas. Si todos los materiales y, la energía estuvieran uniformemente distribuidos en equilibrio termodinámico, el resultado “base homogénea de recursos” sería ningún recurso en absoluto. Habría una ausencia total de potencial para cualquier proceso, incluida la vida. La noción de los economistas de infinita sustituibilidad tiene gran parecido con el viejo sueño de los alquimistas de convertir metales ordinarios en metales preciosos. ¡Todo lo que tienes que hacer es reordenar los átomos! Pero el potencial para reordenar los átomos es en si mismo escaso, en consecuencia el mero hecho que todo este constituido por los mismos bloques homogéneos de construcción no suprime la escasez. Sólo una especie de demonio de Maxwell puede convertir una pila de átomos en un recurso, y la ley de la entropía nos dice que el Demonio de Maxwell no existe."




No es que los economistas de la corriente mayoritaria ignoren que vivimos en un planeta finito, es que la hipótesis subyacente de sustituibilidad infinita entre el capital natural y el hecho por el hombre evitan plantearse la cuestión, al menos, en un horizonte previsible. Sin embargo, tal suposición tiene un fallo lógico evidente, si la ignorancia de las leyes físicas no fuera suficiente, como se encarga de señalar Daly en su documento  El Crecimiento Antieconómico(1999):

"Si el capital hecho por el hombre sustituye al capital natural, entonces el capital natural sustituye al hecho por el hombre. La sustitución es reversible. Si nuestra dotación inicial de capital natural era un buen sustituto para el capital hecho por el hombre, entonces ¿Por qué, históricamente, nos preocupamos en transformar tanto capital natural en capital hecho por el hombre? Los neoclásicos creyentes en la fácil sustituibilidad no tienen una buena respuesta. Ni tampoco tienen una buena respuesta a la pregunta:¿Como puedes fabricar más capital sin usar más recursos?. El problema no se plantea para un economista ecológico porque afirman desde el principio que el capital natural y el hecho por el hombre son básicamente complementarios y, sólo, márginalmente sustitutivos."

Si por el contrario, creemos que estamos en un mundo lleno o que se acerca a esa situación de forma acelerada, la consideración de los límites físicos se hace ineludible y, las preguntas que nos planteamos son completamente diferentes, sin embargo, para los que no compartan está visión resultan absurdas.

Daly comenta que la falta de relevancia de la naturaleza en el paradigma neoclásico se constata cuando:

" La naturaleza no es vista como la envoltura que contiene, provee y, sostiene la economía, sino como un sector más de la economía similar a otros sectores. Si los productos o servicios del sector extractivo llegan a ser escasos, la economía “crecerá alrededor” de esa escasez en concreto mediante la sustitución por productos de otros sectores. Si la sustitución es difícil, se inventarán, según está visión, nuevas tecnologías para facilitarlo." (1999)

El paradigma neoclásico dibuja una economía como un ciclo cerrado, en las que las funciones de producción sólo contemplan dos factores; capital y trabajo.

Es cierto, que formalmente existen funciones de producción que incluyen los recursos (Solow/Stiglitz), pero lo hacen de forma "tramposa" sin introducir realmente un restricción efectiva (queda en papel mojado porque se mantiene la sustituibilidad casi perfecta entre capital natural y hecho por el hombre) como denuncio en su día Nicholas Georgescu-Roegen y, cuya acusación, no respondida, fue vuelta a plantear por Daly posteriormente.  El tema tiene su miga y su comparación con otras funciones de producción como la planteada R. Ayres y B. Warr en su trabajo "Accounting for Growth:The Role of the Physical Work" de gran interés para entradas posteriores.

Una economía que fracasa en el crecimiento no es una economía que no crece en términos de PIB, sino es una economía que no contempla la totalidad de sus costes a nivel agregado porque cree que la actividad económica, como tal, es abrumadoramente positiva y, en consecuencia, no se plantea la posibilidad de que los costes superen a los beneficios más allá de un determinado nivel de "actividad". El instrumento que utilizamos para medir el crecimiento, el PNB o el PIB, fue creado en y para un mundo vacío, en el que el crecimiento se realizaba con recursos abundantes y fáciles de explotar y, los límites termodinámicos no eran relevantes. Los factores capital y trabajo medraban, aumentaban su productividad, reduciendo la de los recursos, pero como estos no aparecían por ninguna parte, la explicación del crecimiento, o mejor dicho, aquello que no se podía explicar de forma endógena por los modelos de producción pasaba a ser un deus ex machina, el progreso tecnológico.

Como hemos venido afirmando siguiendo a Daly, el crecimiento antieconómico se produce cuando los costes marginales superan a los beneficios marginales, pero en ausencia de una cuenta de costes agregada, tal cosa, no puede producirse. Lo que si puede suceder y, de hecho, está sucediendo es el fracaso del crecimiento, lo que algunos bautizan como estancamiento secular. Pero en ningún caso estancamiento puede asimilarse a estado estacionario, porque son conceptos que son fruto de paradigmas opuestos.

Actualmente, estamos sentados sobre una enorme montaña de deuda y de cuasi-deuda (deuda fuera de balance) como son los futuros compromisos de gasto, por ejemplo, en pensiones, lo que significa que estamos sentados sobre una gigantesca montaña de expectativas. Las expectativas no tienen nada de malo en si mismo, más bien al contrario, pueden ser un estímulo. Sin embargo, si son inalcanzables pueden generar serios problemas y frustración. En el caso de la economía, las expectativas se cumplen en el paradigma neoclásico por el crecimiento, que a su vez genera nuevas expectativas (crecimiento ilimitado). La economía financiera trata sobre las expectativas por medio de la creación de dinero/deuda que las simboliza y las retroalimenta. Sin embargo, la economía real es una economía que depende de los recursos, a los que añadimos valor, mediante el capital y el trabajo para producir bienes y servicios. Las expectativas sobre los bienes y servicios del futuro son la materia de la economía financiera, pero dependen del capital natural. El capital natural está formado por recursos finitos no renovables y por recursos renovables pero con una capacidad de carga determinada para proporcionar recursos de baja entropía al sistema económico. Si sobre-explotamos los recursos naturales, es equivalente a tener un depósito a plazo y, además de gastarme los intereses que genera el depósito, me fuera comiendo el capital, cuanto más reduzco el capital tengo menos intereses y necesito recurrir a reducir más el capital. Además ese capital es intergeneracional, pero las personas del futuro no tienen vela en este entierro excepto si nosotros cuidamos de sus intereses. Está claro que el paradigma neoclásico no se plantea tal cuestión, pues la hipótesis de la sustituibilidad entre capital natural y capital hecho por el hombre elimina de cuajo ese planteamiento. La tecnología actual o futura siempre permitirá la sustituibilidad y disponer de los recursos para añadir valor y, tener crecimiento ilimitado.

Desde el punto de vista el paradigma de la economía ecológica resulta evidente que existen unos límites que no se pueden traspasar, el crecimiento indefinido de las expectativas es imposible. El paradigma neoclásico no ve ningún problema permanente, pueden existir dificultades transitorias, pero con el manejo adecuado, el crecimiento no es problema, todo lo contrario, es la respuesta a ellos.

Desde un punto de vista más técnico (como dice Taleb el lector ilustrado puede prescindir de esta parte) Daly establece que una Economía del Estado Estacionario (EEE) es aquella economía que respeta la definición de renta de Hicks



lo expresa de la siguiente forma (2008):

"... la máxima cantidad que una comunidad puede consumir en un año, y ser todavía capaz de producir y consumir la misma cantidad el año siguiente. En otras palabras, la renta es la máxima cantidad que se puede producir manteniendo la capacidad productiva (capital) intacta. Cualquier consumo de capital, hecho por el hombre o natural, debe ser sustraído en el cálculo de la renta. Asimismo, debe abandonarse la asimetría de añadir al PIB la producción de los anti-males sin, en primer lugar, haber sustraído la generación de los males que han hecho los anti-males necesarios. Señalar que el concepto de Hicks de renta es sostenible por definición. La contabilidad nacional, en una economía sostenible, debería intentar aproximarse a la renta hicksiana y abandonar el PIB."

Sin duda el concepto de renta sostenible puede ser un instrumento muy potente para una EEE y, también, para entender y delimitar que la EEE no es una economía que fracasa en el crecimiento, es una economía sostenible por definición.

En una economía que fracasa en el crecimiento se adoptan dos grandes tipos de soluciones que jamás se adoptarían en una EEE:

a) Eliminar costes, porque si ya no consideramos determinados costes y crecemos antieconómicamente no hay motivo que impida continuar eliminando costes de nuestra contabilidad. Por ejemplo, se pueden relajar las normas anticontaminación, la protección social, etc. ¿Desaparecen los problemas? Evidentemente no, pero las cuentas mejorarán que es lo importante (la verdad es que en la práctica apenas mejoran o directamente empeoran). La mercadotecnia lo llama austeridad, devaluación interna, mejora de la competitividad ...

b) "Caña al mono que es de goma" sigamos inyectando expectativas y generando burbujas. La mercadotecnia le da diversas denominaciones: QE, LTRO, Abenomics, ....

c) "Soplar y sorber al mismo tiempo" o soluciones híbridas de compromiso que de acuerdo con la ley de Murphy sufren de lo que denomino el corolario de Shaw. Tal corolario proviene de una anécdota, con toda seguridad apócrifa y que también es atribuida a otras personas entre Jonh Bernard Shaw y la gran bailarina Isadora Duncan. Cuentan que Isadora le propuso tener un hijo, ya que Shaw era considerado un hombre muy inteligente y ella tenia una extraordinaria belleza, en consecuencia, pensaba ella su vástago poseería ambas cualidades. Mr Shaw le respondió que efectivamente ambas cosas eran ciertas pero que ocurriría si el hijo salía con la belleza de Mr Shaw y la inteligencia de Isadora. En estos casos las soluciones híbridas salen como temía Mr Shaw.

Daly compara el paradigma neoclásico con un avión, diseñado para avanzar, que no puede permanecer estático en el aire. Por el contrario la EEE sería como un helicóptero diseñado para mantenerse en vuelo estacionario. Cuando la economía del crecimiento fracasa se estrella, no se mantiene milagrosamente flotando en el aire. El gran estancamiento se convertiría en un enorme proceso de impago de la deuda que necesita de crecimiento para cumplir las expectativas. El impago de la deuda por si mismo, no significa más que el fracaso de las expectativas. Algunos economistas, cada vez más, proponen un nuevo comienzo (fresh start), pero ese no es el verdadero problema, sino el mismo modelo de crecimiento ilimitado. No se trata de empezar de nuevo porque las condiciones, por ejemplo, que se dieron después de la Segunda Guerra Mundial (lo vamos a denominar mundo vacío) no se producen en este momento. Ciertamente sería un alivio momentáneo, pero no una solución a largo plazo.

Daly propone algunas medidas para transformar un avión en un helicóptero pero eso es un reto muy difícil, y en pleno vuelo, se antoja imposible. Los convertiplanos son uno de los mayores quebraderos de cabeza para la ingeniería aeronáutica. Sino que se lo digan a los diseñadores del V-22 Osprey que se enfrentaron a múltiples incidentes y accidentes durante su desarrollo. Precisamente el paso del vuelo lineal al vuelo estacionario crea grandes problemas y, siguiendo con la metáfora, ese es precisamente el desafío al que nos enfrentamos.






viernes, 14 de marzo de 2014

Las falacias del crecimiento (visión preanalítica)

En la anterior entrada de este blog comenzamos a tratar las falacias del crecimiento, contando como base para los comentarios el capítulo 5 del libro "Steady-State Economics" del economista ecológico Herman E.Daly titulado "Un catecismo de las falacias del crecimiento".

En un afán, no se si vano, por difundir la doctrina innovadora que representa la economía ecológica. En esta entrada además del anterior documento me gustaría añadir un trabajo posterior del mismo economista "Uneconomic Growth: in Theory, in Fact, in History and in Relation to Globalization" de 1999 donde se introduce el tema, ya candente en aquel entonces, de la globalización. También he intentado hacer la mejor traducción a mi alcance de este documento para aquellos que no dominen el inglés o prefieran la lectura del mismo en una lengua más familiar para ellos "El Crecimiento Antieconómico: en Teoría, de Hecho, en la Historia y en relación con la Globalización"

El crecimiento económico medido en términos de PNB o PIB ha sido y, continua siendo, la principal referencia cuando hablamos de economía. El PIB es una magnitud de la Contabilidad Nacional que estima la producción de bienes y servicios de una economía valorada en términos monetarios. Sin embargo, aunque este no es un indice del bienestar y así se ha reconocido de forma reiterada, siempre se ha aceptado la existencia de una fuerte correlación entre ambos conceptos, el crecimiento de la producción y el bienestar de las personas. No se puede negar un sesgo completamente materialista en esta visión del bienestar, pero no vamos a cuestionar este punto, que por otra parte, es perfectamente debatible.

Como Daly manifiesta en su libro de 1977 nuestro concepto de crecimiento está completamente distorsionado en el ámbito económico ya que crecer no lleva nunca a madurar, es como una niñez perpetua, además de estar cargado de connotaciones positivas. Es por ello que de "crecimiento" nunca se tiene bastante porque de algo bueno nunca sobra, lo que sin duda, como el lector habrá advertido, es una falacia.

"Es evidentemente imposible tener demasiado de una cosa buena. ¡Si la lluvia es buena, un aguacero torrencial es, por definición, mejor!" (p.1)

Resalta Daly el extraordinario contraste entre la microeconomía y la macroeconomía. Mientras en la primera es lógico considerar los límites, es decir, cuando los costes superan a los beneficios y deja de tener sentido proseguir una actividad. La segunda no considera coste alguno, en la confianza de que los beneficios superan de forma abrumadora a los costes. ¿Pero es realmente cierto?. Añade Daly con agudeza:

"Tomamos los costes reales de aumentar el PNB medidos en función de los costes defensivos en que incurrimos, para protegernos a nosotros mismos de los efectos colaterales no deseados de la producción y añadimos esos gastos al PNB en lugar del sustraerlos. Contabilizamos costes reales como beneficios. Esto es hiperfanatismo por el crecimiento." (p.1)

Sin duda, es hiperfanatismo, pero está profundamente enraizado en el paradigma o la visión preanalítica de la economía neoclásica. Esa visión preanalítica se puede visualizar en el siguiente diagrama que aparece también en el documento de 1999
Que se contrasta vivamente con la siguiente representación de la economía según el paradigma o la visión preanalítica de la economía ecológica.
Personalmente me parece que es visualmente muy impactante. En el primero, la economía es el todo, Daly con acierto la asimila a una maquina de movimiento perpetuo o, un intestino en bucle, sin boca ni ano. La siguiente figura es la típica representación del ciclo económico cerrado sin alimento ni excrementos.


En la segunda, la representación de la economía es una parte de un todo mayor. Pero, lo más importante para mi, es que esa economía debe funcionar sometida a las leyes naturales, al ser una parte de ese todo. En la primera representación, la economía no necesita seguir esas leyes, ¡Su reino no es de este mundo!. Por eso tal como recoge Daly (p.15) en boca del economista de Harvard Richard Zeckhauser:
  
“El reciclaje no es la solución para el petróleo, porqué la alternativa que representa la tecnología nuclear para la generación de energía es más barata” (1973, p. 117, n. 11)

En boca de un académico de una Universidad tan destacada resulta impactante la ignorancia de las leyes de le termodinámica. Asimismo, es sintomático de un problema del que adolece la economía actual y de aquellos que diseñan los modelos (fabulas) para dar guías y recomendaciones a los políticos.

Es cierto, que en una situación como la que describe la siguiente figura, el paradigma neoclásico podría resultar una teoría efectiva en un mundo vacío (Empty World)

Con la expresión teoría efectiva quiero decir que, en determinados casos, podemos pasar por alto ciertos procesos físicos que no nos afectan o, lo hacen de manera tan absolutamente marginal que no influye en los resultados. La teoría de Newton para las distancias y velocidades que habitualmente observamos es perfectamente valida, aunque desde el punto de vista popperiano, es una teoría falsada. Pero, el utilizar la información relevante y suprimir aquello que nada nos aporta es completamente lógico. Sin embargo, hay que saber cuando dejarlo. Es decir, el momento en que necesitamos introducir aquello que hemos ignorado (y conocemos) porque las circunstancias han cambiado. Por ejemplo, al encender el GPS necesitamos la teoría de la relatividad porque sin ella la precisión sería penosa, no nos serviría para nada.

En un mundo lleno (Full World) o que tiende a estar lleno, las circunstancias son totalmente diferentes. En efecto, en un mundo vacío, donde disponemos de recursos y energía fácil de explotar y, donde nuestros vertidos son irrelevantes a nivel global, aunque puedan infligir importantes daños locales, ignorar las leyes de la termodinámica puede ser una opción. En un mundo lleno ignorar esas leyes nos conduce a, tal como dice Daly, "Seguir bebiendo para superar la resaca". Todos sabemos que aunque el método es efectivo a corto plazo tiene consecuencias nefastas a medio o largo plazo.

Desde mi punto de vista la economía neoclásica por causa de su visión preanalítica de la economía como el todo relevante y, no como parte de la esfera social y ecológica, tiene un grave hándicap para percatarse de que lo que pudo ser una teoría efectiva, es ahora un grave obstáculo para entender la realidad. Lo abrumador del caso es que los reiterados fracasos en las proyecciones de las fabulas sobre la realidad, aunque sean revestidas de ropajes matemáticos, no han mellado su credibilidad. Evidentemente existen razones ideológicas para mantener esa visión del mundo, y para hacerse determinadas preguntas y evitar otras a toda costa.
Daly pone el dedo en la llaga cuando señala, hablando del flujo de producción:
 
La otra razón para el fetichismo respecto al flujo es ideológica. Concentrándose en el flujo se desvía el foco de atención de la muy desigual distribución del stock de riqueza que es la fuente real del poder económico. El flujo de renta también está desigualmente distribuido, pero al menos todo el mundo obtiene algo y, la teoría de la productividad marginal lo hace parecer bastante justo. Redistribución de la renta es liberal. Redistribución del la riqueza es radical. Políticamente, es más seguro mantener la renta en el centro del análisis, porque no todo el mundo posee un pedazo del stock productivo y, no hay ninguna teoría que explique la distribución de la riqueza. Poner los stocks (riqueza) en el centro del análisis puede plantear preguntas descorteses.(p.4)


Daly explica en el documento de 1999 que el paradigma neoclásico no requiere el crecimiento infinito de forma obligatoria pero que la necesidad de responder a ciertas cuestiones lo hace imprescindible:

Aunque el paradigma neoclásico permite el crecimiento eterno, no es una exigencia del mismo. Históricamente la exigencia proviene porque el crecimiento es la respuesta dada a los problemas planteados por Malthus (superpoblación), Marx (distribución injusta) y, Keynes (desempleo) (p.1)

Una advertencia, en este blog consideramos sinónimo de infinito lo que es extraordinariamente abundante, de aquello de lo que no tenemos que preocuparnos. Hemos dicho en anteriores entradas que el paradigma neoclásico, aunque pueda considerar que los recursos individuales son finitos siempre existen otros recursos que nos permiten evitar el colapso. Es lo que se describe en el documento de Daly como la teoría de las habitaciones sucesivas. (p.10)

"La realidad parece ser que el primer [recurso] almacén en que el hombre se encontró era sólo el primero de una serie. Cuando agotó lo que estaba apilado en la primera estancia, encontró que podía fabricar una llave para abrir una puerta que daba a una estancia mucho más grande. Y, cuando agotó los recursos de está habitación más grande, descubrió que había otra estancia más allá aún mayor. La estancia donde estamos en el siglo XX es tan grande que las paredes están más allá del alcance de la vista. Sin embargo, es probable que nos encontremos al principio de toda una serie de almacenes. No es inconcebible que la totalidad del globo—tierra, océanos y aire—representen materia prima para la humanidad para utilizar con mayor ingenio y, habilidad" [citado en Ordway, 1953, p. 281].

Está declaración podría caber perfectamente en la descripción del mundo-vacio aunque se refiera a una serie infinita de recursos y, si es menester, de vertederos para los residuos. Pero quería aclarar que infinito y abundante no son estrictamente sinónimos. Algo que es infinito puede ser relativamente escaso. Los matemáticos son perfectamente conscientes de está cuestión. Como hablamos de habitaciones nos referiremos al Hotel de Hilbert con infinitas habitaciones (números naturales), pero tan escasas que no pueden alojar a conjuntos de cardinalidad superior a aleph-0, como demostró Georg Cantor. En realidad, son tan escasos que si escogiéramos un número de la recta real de forma aleatoria la probabilidad de escoger un número natural, entero o racional (conjuntos de cardinalidad aleph-0) es 0.

En ocasiones, he pensado que era una buena analogía, aunque algo extrema, para explicar la diferencia entre reservas y recursos cuando los medios hablan de cifras extraordinarios de recursos que nos permitirán continuar con nuestro estilo de vida (business as usual) durante siglos y siglos. Los recursos son una cosa pero las reservas que podemos realmente aprovechar se parecen más a los números naturales o los enteros en el conjunto de números reales.

En el paradigma neoclásico, donde el crecimiento se mide indefectiblemente mediante el valor añadido a unos recursos que ni siquiera forman parte de las funciones de producción, el planteamiento de los límites es inconcebible. Esa es nuestra realidad diaria, cuando leemos y escuchamos las noticias. Todos nuestros problemas se solucionarán una vez el PIB o el PNB vuelva a crecer.

Sin embargo, como dice Daly ese crecimiento puede ser y, de hecho, es en muchos casos antieconómico, los costes (que no se contabilizan a nivel agregado o, incluso, se convierten en ingresos) superan a los beneficios. El problema actual es que: por una parte, incluso el crecimiento antieconómico (ignorando costes) es cada vez más difícil; y, por otra, los costes de ese crecimiento son más difíciles de ignorar. En todo caso, no debemos despreciar la capacidad de la maquina de propaganda que es capaz de hacernos creer que es de día cuando estamos en una noche sin luna.